San Martín de Abendaño

ARQ 2041.01(4) Ermita de San Martín, 1963. Autor, ARQUÉ. AMVG

ARQUE/Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz

 

San Martín de Abendaño

Si un barrio en Vitoria-Gasteiz se ha hecho popular, ése es el Barrio de San Martín. Algo de culpa tiene la canción que le dedicó el siempre recordado Alfredo Donnay. Pero ¿Cuál es su origen?

En la relación de pueblos de Álava que figuran en un documento fechado en 1025 existente en San Millán de la Cogolla está el de “Avendagnu”, es decir Avendaño. Este pueblo, situado junto al río de su nombre, era muy extenso ya que, según el historiador del siglo XVI Diego Martínez de Salvatierra, abarcaba desde el puente que tenía el río junto al Prado junto al Prado de la Magdalena. en el inicio de la actual avenida de Gasteiz, hasta el del camino de Ali, más o menos donde arranca la actual calle Argentina.

Tras la fundación de Vitoria en 1181 sobre la aldea llamada Gasteiz, comenzaron las desavenencias sobre los terrenos entre los habitantes de esta nueva villa y los de este pueblo limítrofe. En 1194, los vitorianos acudieron a quejarse al rey navarro, Sancho VII, el Fuerte, y éste cortando con un machete unas berzas les dio un radical consejo: “a los que os fatigan, deberíais hacer lo que yo hice con estas berzas.” Esta indicación fue tomada al pie de la letra, y una noche asaltaron el pueblo y lo arrasaron quedando sólo en pie su iglesia, que es la actual ermita dedicada a San Martín de Tours.

En la fotografía sacada por Arqué en 1963, vemos una imagen de la ermita de San Martín antes de la última restauración realizada. La devoción al este Santo en su ermita ha sido grande a lo largo de la historia, existiendo una importante cofradía en su honor, de la que fue abad en su época el propio Felipe II. En la década de los treinta del siglo XIX fue como tantos edificios religiosos sometida a la desamortización del General Mendizábal. Se utilizó como almacén de paja y, en 1842, como polvorín. Estuvo a punto de desaparecer si no hubiera sido por que fue enajenada a favor de José Jorge de Goya quien, a su vez, la cedió en noviembre de 1843 a Don Manuel de Ciórroga, que la restauró, inaugurándose en 1846 la nueva obra. En 1871, sufrió un incendio que la destruyó parcialmente. Manuel de Ciórroga la hizo reparar de nuevo, siendo consagrada al año siguiente. En 1978, con motivo de la construcción de la nueva parroquia, aneja a la ermita, se volvió a restaurar, descubriéndose en las paredes, tanto interiores como exteriores, unas valiosas pinturas murales de la época medieval que estaban cubiertas con cal.

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