La casa del Cordón

enero 12, 2012

Enrique Guinea (hacia 1916)/Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz

 

Por medio de estas dos fotografías podemos ver el cambio de aspecto que ha sufrido la famosa casa del Cordón desde alrededor del año 1916 hasta la actualidad. Si bien no se puede precisar con exactitud la fecha de la fotografía antigua realizada por Enrique Guinea, nos podemos aproximar a ella por el letrero de la parte izquierda en el que pone “Colegio de San Francisco” puesto que avanzado 1915 se autorizó a utilizar provisionalmente esta casa para desahogo de las clases de los centros que existían en el Campillo y San Ildefonso que estaban saturados. Uno de los detalles que podemos observar es como ninguna de las puertas rematadas en arco ojival se abre en toda su anchura dejando libre todo el hueco como hoy en día.

Es célebre este edificio, al que se le ha dado nombre por el cordón franciscano que orla una de sus puertas, por haber albergado en febrero de 1522 al cardenal Adriano Florencio de Utrech cuando fue nombrado Papa. El futuro Adriano VI, cardenal de Tortosa, Gobernador General de Carlos I, se encontraba en nuestra ciudad con motivo de preparar la defensa de Fuenterrabía. Estaba alojado en la casa del bachiller Añastro en la calle de la Herrería. Al llegar la noticia de su nombramiento, se consideró más acorde con la calidad del huésped trasladar su residencia a la casa de los Sánchez de Bilbao en la Cuchillería (la casa del Cordón). De esta familia de comerciantes judíos conversos existe un interesante estudio realizado por José Luis de Vidaurrázaga. Por él sabemos que a mediados del siglo XV, ya moraba en esta casa Pedro Sánchez de Bilbao “el relajado”. Fallecido en 1473, la dejó en herencia a su hijo Juan, apodado “el rico”, que reedificó la casa de la Cuchillería y construyó el púlpito y la enfermería del convento de San Francisco. Muerto en 1493 a causa de una estocada inferida por Martín de Escoriaza, uno de sus sucesores fue Juan, llamado “el segundo”, que fue el que hospedó a Adriano VI.

La casa de los Sánchez de Bilbao pasó por herencia a los Sarmiento Valderrama. De éstos a la familia Zumalave, de Valmaseda. Tras ella, a los Olaso, de Vergara. Por último, pasó a los Monzón, de la misma localidad guipuzcoana. En 1919, el edificio es vendido por María Concepción Ortiz de Urruela, viuda de Vicente de Monzón, a Luis de Sarralde y Larrosa. Al fallecimiento de éste, en 1953, lo heredan sus hijos, que lo venden en 1962 a la Caja de Ahorros Municipal. Después fue utilizada durante largos años como sala de exposiciones. En la actualidad, desde septiembre de 2010, alberga la sede de la Fundación Mejora de la Caja Vital destinada a mejorar la calidad de vida de los mayores.

Esta casa ha sufrido ha sufrido diversas reformas a lo largo de su historia, sobre todo en el siglo XX. En el siglo XIX, las viviendas superiores estaban sobre un voladizo. En 1898, no debía estar en las mejores condiciones, puesto que se cae parte de este voladizo. En enero del año siguiente, sus propietarios, Vicente y Soledad de Monzón y Lardizábal, ofrecieron en venta el edificio al Ayuntamiento por su valor histórico, pero éste no accedió a su adquisición. En noviembre, Vicente de Monzón solicitó permiso para reconstruir la casa, modificando la fachada, según planos de Fausto Íñiguez de Betolaza, y suprimiendo los voladizos. A los arcos ojivales se les devolvió en parte su forma original, puesto que el de la izquierda tenía su parte superior tapiada y se les dio el aspecto que vemos en la fotografía antigua con una puerta estrecha cada uno en el centro. También se abrieron las puertas pequeñas laterales con arco carpanel (http://es.wikipedia.org/wiki/Arco_carpanel) que no existían antiguamente, como podemos comprobar en una fotografía antigua existente en otra entrada de este blog correspondiente a la Casa de los Cubos.

Antes de la importante restauración de 1962, trazada por el arquitecto Emilio de Apraiz cuando adquirió el edificio la Caja de Ahorros Municipal, todavía se modificaría el arco de la parte derecha, el del Cordón, anulando la puerta y dejándola en un ventanal. Tras la mencionada restauración, limitada prácticamente al exterior y la planta baja del edificio, la Caja lo destinó durante largos años a sala de exposiciones, manteniendo viviendas en los pisos superiores.

Con el inicio del siglo XXI hubo que acometer otra importante rehabilitación. Se habían descubierto problemas estructurales y fue necesario su cierre. Tras casi cinco años de obras abrió de nuevo sus puertas en mayo de 2005 con una recreación de la Vitoria del siglo XV. Pero ¿Qué uso se le iba a dar? Tras descartar su uso como sala de exposiciones, puesto que ese aspecto estaba suficientemente cubierto, se pensó que era el lugar ideal para albergar la sede de la Fundaciòn Mejora, en aquella época en un reducido espacio de la esquina de la calle Diputación con la Plaza de la Provincia. Tras aprobar ese nuevo destino de la histórica edificación, los arquitectos Antón López Aberasturi y Fernando Pérez Simón han sido los encargados de realizar el trabajo de adaptarla a su nuevo uso.

 


La casa de los Cubos

enero 12, 2012

Enrique Guinea/Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz

En la parte izquierda de la fotografía antigua, podemos contemplar en primer plano pegado a la casa del Cordón un edificio ya desaparecido rematado con un escudo. Era la conocida como “casa de los Cubos”. Este nombre se debía a los contrafuertes laterales en forma de cubo.

Uno de los significados de la palabra “cubo” es torreón circular en las fortalezas antiguas.

Poco sabemos de esta casa. En 1900, su propietario era Venancio López de Armentia. En 1918, lo era Pedro Basterra.

Tomás Alfaro, en “Una ciudad desencantada” describe la desaparición de esta casa: “…la casa de los Cubos, que fue vendida y trasladados sus sillares para reconstrucción en una villa de Guipúzcoa”.


Las escuelas de Mendoza en “La quinta parroquia”

enero 11, 2012

ARQUE (1956)/Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz

Cuando en Vitoria-Gasteiz se habla de la “quinta parroquia” se está haciendo referencia a la iglesia de San Cristóbal. Si bien existió antaño otra quinta parroquia, la de San Ildefonso, ésta desapareció totalmente en 1839 como consecuencia de emplear su piedra en la fortificación de la ciudad en una de las guerras carlistas.

La iglesia de San Cristóbal, fue consecuencia de una donación de terrenos de Norberto de Mendoza y Karl, que al trasladar su fábrica a un lugar inmediato a la plaza de toros, quiso que en el sitio en que había estado ubicada se erigiese un templo. Tras la elaboración del proyecto por parte del arquitecto y sacerdote Pedro Asúa, y la realización de la obra aprovechando la estructura de la antigua fábrica, la iglesia se inauguraba el 3 de noviembre de 1935. Unos meses más tarde, era instituida canónicamente como parroquia, estrenando esa función el Jueves de la Ascensión, 21 de mayo de 1936. El nombre se le puso recordando a una antigua ermita que existió entre los finales de la calle de Heraclio Fournier y del Paseo de la Zumaquera.

A la par que la iglesia y dentro de su estructura se inauguraron unas escuelas en unos locales donde actualmente está la unidad pastoral Santa María de Olarizu con entrada por el que figuraba como camino de Castillo en un plano elaborado por Dionisio Casañal en 1887, luego calle de Luis Orgaz y en la actualidad,de Alberto Schommer. Esas escuelas parroquiales, fueron llamadas inicialmente Escuelas Católicas Mendoza en homenaje al mecenas de la obra. Era éste, el ya mencionado Norberto de Mendoza, un hombre muy interesado en los problemas locales. Solía escribir en el Pensamiento Alavés con el seudónimo “El Duende del Campillo”, aportando interesantes sugerencias. Uno de los temas que más trató fue la construcción de un pasaje subterráneo que comunicase la calle Rioja con el Barrio de San Cristóbal, dada la peligrosidad del paso a nivel allí existente. Abierto al público en 1950, precisamente se le dio el nombre oficial de “Paso del Duende”, en honor de este personaje, el año 1956.


El palacio de Escoriaza-Esquibel

enero 6, 2012

Anónima/Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz

Cuando se sube por el cantón de las Carnicerías, causa sensación el arco postizo existente para penetrar en el Campillo. Una vez atravesado, a mano derecha nos encontramos con una plazoleta amurallada. Todo ello es el complemento de las obras de restauración del palacio de Escoriaza-Esquíbel realizadas en 1968 por la Caja de Ahorros Municipal bajo la dirección del arquitecto Emilio de Apraiz. Este palacio, en el que destaca su preciosa portada plateresca, fue mandado edificar por el matrimonio formado por el doctor Fernán López de Escoriaza e Ibáñez de Aguirre y Victoria Pérez de Anda y Díaz de Esquibel, cuyas figuras se pueden ver en dicha portada.

Fernán López de Escoriaza nació en nuestra ciudad en 1480, aunque varios autores han situado su nacimiento en el valle guipuzcoano de Léniz, de donde procedía su familia paterna. Tras cursar estudios de medicina, fue nombrado en enero de 1508 médico municipal. En 1515, fue enviado al servicio del rey inglés Enrique VIII, yerno de Fernando el Católico. En 1518, fue uno de los tres fundadores del Colegio de Médicos de Londres. Después de permanecer quince años al servicio de la monarquía inglesa, el doctor Escoriaza pasó a desempeñar sus funciones para el emperador Carlos V, a cuyo servicio permanecería el resto de su vida hasta su fallecimiento en Madrid en 1541. Rico y famoso, mandó construir el palacio que nos ocupa en su ciudad natal, obteniendo la licencia de edificación en diciembre de 1539. Su hijo mayor, que continuó las obras, fue Hortuño López de Escoriaza, que desempeñó los cargos de Alcalde de Vitoria y Diputado General de Álava. Hasta 1846, el palacio perteneció a la familia, siendo el propietario en el momento en el que se vendió, el conde de Fuente el Salce. En el intermedio, la casa fue alquilada a la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País desde finales del siglo XVIII hasta 1808, cuando con la invasión francesa se suspendieron sus actividades. Durante las guerras de 1823 y la primera carlista también sirvió para usos militares y quizá hubiera acabado en manos de la piqueta, como los conventos de Santo Domingo y San Francisco, si no hubiera fijado sus ojos en ella el acaudalado presbítero Domingo Ambrosio de Aguirre, natural de Gamarra Mayor, que había tenido que emigrar a Cuba, donde amasó una gran fortuna a base de explotaciones agrícolas.

Este sacerdote regresó de Cuba en 1843 con la intención de crear un establecimiento útil para la educación intelectual y moral de la juventud alavesa. Tras diversas gestiones, firmó la escritura de compraventa del palacio en junio de 1846, a pesar de encontrarse éste abandonado y en deficiente estado de conservación. Conseguido el local, consiguió que se escriturase la fundación de un Seminario Eclesiástico en 1853. El objeto principal de la fundación era “crear Párrocos virtuosos é instruidos que con su comportamiento y luces honren a su país, a la Iglesia y al Estado”. El orden para admitir alumnos era el siguiente: 1º) Los descendientes de las hermanas del fundador. 2º) Los descendientes de sus abuelos paternos y maternos. 3º) Los naturales de la Provincia de Álava y, entre éstos, los hijos de labradores que no puedan seguir la carrera desde la casa paterna. 4º) Los naturales de la provincia de La Habana. 5º) Los naturales de las provincias de Guipuzcoa, Vizcaya y Navarra por el orden que se citan. 6º) Todos los demás españoles y aun extranjeros, si hubiese cabida.

En 1855, se le otorgó el nombre de Seminario a la calle que desde 1928 lleva el nombre de Fray Zacarías Martínez, ya que en ella estaba ubicado dicho Seminario de Aguirre. Posteriormente, en 1880, se creó inmediatamente a continuación el que se denominó Seminario Conciliar, que es el que conocemos en la actualidad como “seminario viejo”. En 1930, con la inauguración del Seminario Diocesano de Beato Tomás de Zumárraga, se unieron en uno ambos seminarios. Después de la guerra civil, el palacio de Escoriaza-Esquíbel se destinó hasta 1955 para el tratamiento de enfermos infecciosos con el nombre de Sanatorio-enfermería “El Campillo”. A continuación fue utilizado por las escuelas profesionales diocesanas, albergando en una de sus salas a la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País. Después, se utilizaba esporádicamente para eventos culturales.

En noviembre de 2010, el palacio, tras un largo proceso de negociaciones, pasó a engrosar el patrimonio municipal, acometíéndose a continuación una actuación de urgencia para realizar las obras de conservación de tan importante edificio.


Los Arcos

mayo 22, 2009
Plaza nueva. anónimo
Anónimo/Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz

Con el sencillo nombre de “Los Arcos” se ha conocido popularmente a la plaza que proyectó el insigne arquitecto Justo Antonio de Olaguíbel y Quintana en el siglo XVIII. Los nombres oficiales que ha tenido han sido un tema clásico en las conversaciones de los txikiteros gasteiztarras, pensando algunos que ha tenido infinidad de ellos, influenciados sin duda por las inscripciones que con el paso de los diferentes reyes y situaciones se colocaban en el medallón que existía en la parte superior de la Casa Consistorial hasta la colocación en 1963 del reloj que podemos contemplar en la actualidad. En la realidad no han sido tantas las denominaciones. Inicialmente, la intención era dotar a la Ciudad de una Plaza Mayor. En el acta de la sesión de quince de marzo de 1781, podemos leer cuando el alcalde, Ramón María de Urbina, Marqués de la Alameda, propone el proyecto: “la plaza mayor de ella se podía muy bien componer y adornar de casas uniformes por los tres lados y el cuarto quedaría adornado con esta Casa Consistorial”. Diez años más tarde, el 24 de diciembre de 1791, en la sesión inaugural de la nueva Casa Consistorial se escribe que está establecida en la “nueba” (sic) Plaza de ella. En las sesiones de 29 de diciembre del mismo año y primero de enero del siguiente se menciona la sala consistorial de la plaza mayor de la Ciudad. Entre las dos fechas, el 30 de diciembre de 1791, leemos la Casa Consistorial de la nueva plaza. Al final, la costumbre hizo ley y lo que iba a ser Plaza Mayor se llamó Plaza Nueva, quedando en contraposición como Plaza Vieja la que actualmente conocemos como de la Virgen Blanca. Más de ciento treinta y cinco años tuvo ese nombre hasta que el Ayuntamiento, reunido en sesión extraordinaria el catorce de mayo de 1927, acordó darle el nombre de Alfonso XIII con motivo del veinticinco aniversario de la coronación del monarca. El catorce de julio de 1931, a los tres meses de la proclamación de la República, fue cambiado el nombre por el de Plaza de la República. En 1936, como consecuencia del golpe militar del 18 de julio, se impuso en sesión de 26 de agosto el nombre de Plaza de España que ostenta en la actualidad.

En la vieja fotografía que se muestra, vemos el aspecto que tenía la plaza en el siglo XIX (la fotografía está sacada entre 1880 y 1885) teniendo, como curiosidad, una farola en el centro de la misma. También se ven unos tenderetes correspondientes a uno de los mercados que tantas veces en ella se celebraron.


El Kiosco de la Plaza Nueva

mayo 22, 2009

GUI VI-17.03 Plaza de España. Autor, E.Guinea. AMVG

Enrique Guinea/Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz

 

Plaza nueva

     En la fotografía antigua, obra de Enrique Guinea, se puede contemplar el famoso kiosco del que tantas habladurías se han contado. De él se ha dicho que es el que está en la Florida. Esto es falso puesto que el de la Florida data de 1890. El templete que nos ocupa fue proyectado por el arquitecto municipal Javier Aguirre en 1901, adjudicándose su construcción en noviembre al industrial Pedro Hueto. Su construcción fue demorándose y se inauguró precipitadamente el día 16 de mayo de 1902, con una sesión de bailables entre las nueve y las once de la noche, con motivo de las fiestas de la coronación del rey Alfonso XIII, sin tener todavía la barandilla metálica de protección ni la escalinata. El periódico Heraldo Alavés, en oposición al Ayuntamiento de la época, criticó durante semanas la inconclusión del kiosco, que no se terrminó  hasta el comienzo de las Fiestas de la Blanca. También se ha hablado mucho de su desaparición. Se ha llegado a escribir que un avión que cayó en la plaza durante la guerra civil destrozó su cubierta y que fue llevado a Haro donde, una vez reparado, fue colocado. Esto es imposible. En el kiosco de Haro se puede leer su fecha de construcción en 1931, lo que ya desmonta toda la teoría. El accidente del avión alemán tuvo lugar el 28 de septiembre de 1936. El avión rozó el kiosco y se estrelló en el ángulo noroeste de la plaza, muriendo en el accidente un herrero, un lechero y el piloto. El kiosco permaneció intacto, existiendo como documento unas fotografías tomadas en julio del año siguiente con motivo de la celebración del aniversario del alzamiento militar. La desaparición del kiosco tiene lugar en 1939 al realizarse la renovación y ampliación del pavimento de la plaza. En las condiciones aprobadas el siete de junio para la subasta de la obra, adjudicada a José Martínez Gordejuela, se puede leer: “el actual kiosco será desmontado por el Excmo. Ayuntamiento”. En las fiestas de la Blanca de ese año se celebró un concurso de Ochotes, ganado por El Casino Artista Vitoriano, y en la crítica del mismo se lamenta la calidad de la audición porque el kiosco estaba desprovisto de techado. O bien se había comenzado ya su desmonte o se había colocado un tablado portátil. Tres días más tarde, el siete de agosto, se comenzó a levantar el pavimento para su remodelación. En el especial de fiestas del periódico Norte de 1940, Ricardo de Apraiz alababa  el aspecto de la plaza tras la desaparición del kiosco y la colocación de los “florones” en cada una de las entradas. Solamente faltaba la balaustrada de remate de las fachadas.


Palmeras enanas en la Plaza Nueva

mayo 22, 2009

GUI III-051.16 Jura de bandera, 1915. Autor, E.Guinea. AMVG

Enrique Guinea/Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz

 

Plaza nueva lateral 

Si bien hasta finales de 1791 no estaba terminada la Plaza Nueva, con la construcción de la Casa Consistorial, sí lo estaban los otros tres lados de la misma. Sus habitantes se constituyeron en Vecindad reuniéndose para redactar sus Ordenanzas el día veinte de junio de 1790. En la primera de ellas acordaron tomar por patrona a la Virgen del Pilar, celebrando cultos en su honor anualmente el día doce de octubre en el Convento Mayor de San Francisco. Sin embargo, los usos militares a que se destinó este convento hicieron preciso que estas funciones religiosas se trasladasen a la Colegiata de Santa María, posteriormente a las Brígidas y, en alguna ocasión, a la iglesia de San Antonio.

     En la fotografía de Enrique Guinea, vemos una jura de bandera en la segunda década del siglo XX. En ella se ve una de las palmeras enanas que durante un tiempo adornaron cada vértice de la estrella y que desaparecieron en 1919.